Quién dijo que llorar fuera un pecado, que encontrar el corazón a los cincuenta fuera malo, que morirse los domingos mientras llueve fuera sólo cosa de cobardes, del que bebe? Quién ha dicho que doliera el corazón por estar solo?
Quién termina por nadar entre sus vicios, por llenarse de solsticios por sudar al por mayor? Quién por volver ausente, por saberse diferente, por llenarse de valor?
Quién por ser indiferente, confundirse con la gente, convertirse en perdedor?
Quién se viste de soldado y libra guerras a diario rellenando el calendario de cruces sin color?
Quién desviste las mareas, resucita a los ancianos, quién se sirve de sus manos para ahogarse de placer?
Quién convierte los inviernos en veranos, el otoño en primavera, quién convierte la frontera en una forma de vivir?
Quién es parte de sus dudas, juez de sus pecados, cárcel de los dados que tira al aire el azar?
Quién besa diferente, quién despierta entre la gente una forma de pensar?
Quién cumple años a diario y rellena sus diarios de cartas que algún día fueron tiradas al mar?
Quién es noche cuando el día se levanta, quién es luna cuando el sol se alza cubriendo las calles de azahar?
Quién es puerto de los barcos que naufragan, quién es faro de pateras que acaban de llegar?
Quién es hombro, quién cadera, quién saca conejos de la chistera, quién recoge los escombros que rellena cada esquina, cada curva, cada sombra de tu viejo corazón.
Quién se vuelve ante la tele, ante la prensa, ante la mierda de la vida y su vivir, ante todas sus desgracias para solamente decir gracias por existir.
A.P.