Fue todo cuestión de segundos,
Por una carretera vieja,
comarcal,
un domingo infame,
(habíamos tomado un café
hacía diez minutos,
sin hablarnos, claro)
Llovía sin parar,
estaba harto,
conducía rápido,
para darte miedo.
Y sin embargo
ya te habías dormido
a mi lado,
con ese rostro angelical
que repartía envidia
por donde quiera que iba,
y entonces,
(repito que fue todo cosa de segundos),
Te miré
(fue suficiente)
para no sé por qué, comenzar a sentir
unas terribles ganas de llorar,
y deslicé la mano 30 cm a la derecha,
sin hacer aspaviento,
para rozarte la tuya.
Y te miré,
sin perder de vista la carretera,
y tú también me miraste,
y medio dormida,
giraste la cabeza para otro lado.
La guerra ya estaba perdida.
A.P.