Una vez hubo un niño que se dio cuenta de que lo mejor que había en este mundo era ser niño.
Pasó el tiempo y sus amigos querían ser mayores, pero él seguir siendo niño. Como todos los demás, creció, fue a la universidad y encontró un trabajo; pero aún así seguía pensando que lo mejor era ser niño.
Se casó y tuvo dos hijos, y éstos le convencieron aún más de lo bueno que era ser niño. Ellos crecieron. Se casaron y tuvieron sus propios hijos. Entonces, sus nietos le seguían animando a ser niño.
Finalmente, llegó la hora de su muerte. Rodeado por toda su familia y satisfecho de la vida que había tenido dio su último suspiro. En su tumba aún se puede leer: aquí yace un niño que jugó dulcemente con su vida.
Edu H.