Querida Julia:
Te he dejado la llave del piso en el buzón, el portero te abrirá abajo. Espero que tu estancia en Salamanca sea tan emocionante o más que la que yo viví hace ya más de diez años. El piso está bien, un poco pequeño pero acogedor, lo compramos un año después de venir a Alemania, ha sido nuestro refugio del pecado, nuestro pequeño cajón de secretos, -espero que te guste-.Cuando amanece, el sol te roba el sueño de madrugada por las rendijas del dormitorio y si te asomas al balcón flotarás en un murmullo que asciende por sus soportales como una enredadera. El tiempo no pasa por sus diagonales, la gente gira como un compás y se atiene al ritmo de la Plaza, salen y entran al escenario, miran al cielo y sonríen, pronuncian palabras impronunciables y dan gracias, por haber llegado allí, por pertenecer a su mirada aunque sea solo un segundo. Te recomiendo que a diario, cuando Carlos ya esté dormido, bajes de madrugada a uno de sus bancos y sientas la presión de sus esquinas, la bendición de su piedra, el sentimiento de potencia y majestuosidad. Allí encontré yo mi patria, mi karma, mi religión. No sabrás que no has dormido porque ya estarás despierta cuando Carlos te dé la patada de Buenos días y te diga que bajes a ver la Plaza, que hace bueno. Ya la he visto pensarás tú, y además a ti te habrá robado al alma.
A.P.