Se levantó de la cama mareado y caminó hacia el baño, en el pasillo hacía más frío que en la habitación, abrió el grifo del agua caliente, un sonido estridente rugió y durante tres segundos el agua fluyó amarillenta.
Se quitó la ropa con desgana y sintió frío, se miró en el espejo y este le devolvió un cadaver, una sombra de lo que había sido, de aquel ejecutivo que la gente admiraba, de aquel tipo que desprendía carisma a raudales, con un sendero de poder y eficacia tras de sí. Fiscal jefe de la capital y el mundo a sus pies...
Cabizbajo se metió en la ducha y de repente, viendo como las gotas de agua caían como una cascada desde los párpados hasta las ojeras, empezó a pensar en porque habría aceptado aquellas comisiones y en lo dura que era la vida de pobre.
A.Pérez