Hace muchos soles y muchas lunas existió una vez una estrella que no daba luz; o eso es lo que ella sentía. En realidad, era muy grande y luminosa, aunque se creía pequeña y apagada. Esta estrella se esforzaba por emitir claridad, pero su ansiedad y miedo la convertían en sombra.
Así pasó mucho tiempo hasta que decidió acudir al Sol, el padre de las estrellas que eran como ella. Cuando estuvo frente a él le preguntó:
- Querido Sol, ¿por qué tú eres tan grande y luminoso, y yo, que he nacido de ti, soy tan pequeña y oscura?
El Sol, que veía lo que realmente era aquella estrella: grande, preciosa y brillante; le contestó:
- Querida amiga, cada uno somos lo que queremos ser. Si te empeñas en ser pequeña, triste y opaca, lo serás. Pero, si por el contrario, te centras en sentir la luz que tienes en tu interior, saldrá con más fuerza que nunca.
Pasó algún tiempo desde aquella visita y nada había cambiado. Ya estaba desesperada cuando un día, cansada de estar siempre igual, decidió hacer lo que le había indicado el Sol. Se dedicó a aprender a sentir la luz que llevaba dentro de sí. Al principio, fue muy lento; después, poco a poco, cada vez le resultaba más fácil. Incluso los demás notaban que algo había cambiado en ella.
Con el paso del tiempo, sin darse cuenta, se había convertido en un gran ser de luz, que cada amanecer, muchos locos admiramos.
Edu H