Y ENTONCES...
No sabía dónde estaba ni qué me había llevado hasta allí pero me sentía bien. Realmente bien. Había muy poca luz pero apenas me preocupaba porque estaba casi todo el día durmiendo. Reconozco que al principio fue difícil, (me pasaba la mitad del tiempo pensando cómo había acabado en aquel lugar) pero poco a poco me fui acostumbrando hasta sentirme realmente bien, muy cómodo y en una atmósfera verdaderamente agradable. Pero con el paso del tiempo las cosas no iban a resultar tan fáciles. Un día, por la noche, todo cambió, a decir verdad yo lo venía notando desde hacía semanas, no me sentía tan bien como de costumbre. Fue cuestión de minutos, comencé a ver sangre por mi habitación, a sentir una presión asfixiante. Todo empezó a moverse, sentí que me ahogaba. Una grieta se abrió en la pared y una mano me agarró del cuello. En ese momento pensé que era el fin.
Y entonces…. nací.
A.P