Apenas hubo prolegómenos, tan solo miradas perdidas de miedo y de amor...
Me abracé a tu sien en la música de “cold play”,
en el silencio de la bruma,
con dos ruedas aparcadas en la autopista de los bípedos,
con el ritmo acelerado de un corazón de emergencia,
(perdón, de la luz de emergencia),
que separaba la legalidad de la pasión.
Con los ojos cerrados, no sé cómo, pero te veo,
tú también tienes los ojos cerrados,
y la boca entreabierta,
dispuesta a olfatear con los dientes mi lengua.
Mientras...
te escucho cómo callas cuando hablas en silencio.
“Cold play” me recuerda que todavía estoy allí,
y cuando miro el reloj,
no tiene agujas,
y me asusto porque sé que no han pasado
ni dos minutos desde que apagaste la vista.
Pero como un caracol,
es ahora mi sien
la que se desplaza hasta tus ojos,
siempre "chiusos",
y rozo tus pestañas,
que cosquillean mi entusiasmo,
y siento que he perdido un sentido,
pues te persigo como ciego, como ausente,
y desciendo de forma vertiginosa,
(peligrosa también),
y tu nariz fría me desentona a mí
y también al aire caliente de tus murmullos,
tengo un calor angustioso,
porque tras pasar el bache,
llego a tus labios,
a tu aliento,
seco,
y noto un impulso,
un movimiento de ajedrez,
tal vez el alfil,
o quizá la dama,
y mi lengua se humedece de sed,
y mis ojos se entreabren agonizando de gozo...
“Cold play” ha dejado de sonar...
A.P.